ES EN

UN MANO A MANO CON JULIO BOCCA

16/10/2016

El jueves 27 de octubre, el Ballet Nacional Sodre estará estrenando “Onegin”, la última producción de la temporada de la compañía oficial. Inspirado en el poema de Alexander Pushkin, y con música de Tchaikovsky, el espectáculo exhibirá una original coreografía de John Cranko, considerada la obra maestra del coreógrafo, uno de los grandes nombres de la danza del siglo XX. 

Compuesta de 3 actos y seis escenas, trata de una historia de amor no correspondido, entre una chica inocente con un cínico aristócrata. En conversación con El País, Julio Bocca, director artístico del BNS, habló del rumbo de la compañía, así como del panorama de la escena local. Tickantel, de $ 160 a $ 810. Comprar Aquí

 

—¿Comó viene la venta de entradas de "Onegin"?

—Nos está costando vender. Tenemos ocho mil entradas vendidas (al martes pasado), tampoco estamos mal. Quizá la gente, al no conocer la obra, está esperando el boca a boca.

—¿Temés a una recesión?

—No, creo que hay una recesión en todo. Está un poco parado todo. Pero estamos bien, lo que pasa es que en el BNS uno está acostumbrado a que se venda todo de entrada. Pero estoy un poco preocupado, eso sí. 

—¿Hay una gran brecha entre el BNS y el movimiento de danza independiente?

—No, no sé si hay una gran brecha. Sí sé que dentro de los coreógrafos que nosotros necesitamos, que es más en la línea neoclásica, acá todavía no he encontrado, o no hemos desarrollado un trabajo. Justamente con el Instituto Nacional de Artes Escénicas estuvimos hablando, para hacer un sistema de danza nacional, en el que estén todas las danzas incluidas. Ver qué se necesita desarrollar. Más que la danza es algo muy presente en Uruguay. La idea es siempre que el BNS tenga más coreógrafos uruguayos, para que tenga su propio repertorio.

—¿Ves algo de danza contemporánea de lo que se hace acá?

—No, a veces me mandan algún video de los festivales que hay. En eso soy bastante malo, pero la verdad es que termino acá y no tengo ganas de encerrarme en un teatro. Reconozco que quizá es muy estúpido, porque una forma de seguir creciendo es ir a ver otros espectáculos. Pero disfruto mucho de estar en casa. Fueron muchos años que no lo disfruté. Es como que necesito desconectarme, para al día siguiente volver acá a la dirección.

—A partir de la presentación de Piñón Fijo en el Auditorio, hubo un debate sobre si en la Sala Fabini se debía presentar ese tipo de espectáculo. ¿Vos eso cómo lo ves?

—Para mí, el escenario está para usarlo. Esto hay que mantenerlo. Y los espectáculos que venden entradas, bienvenidos. Cada espectáculo tiene su público. Piñón Fijo tiene su público, para niños. Al Auditorio han venido grandes cantantes, y el público los tiene cerca, y no como en los estadios, que a veces los ves desde muy lejos. Yo, como bailarín, fui a bailar a una cancha de fútbol. Si lo hacés con profesionalismo y respeto, es un espectáculo. No sé, quizá un baile del caño en el Auditorio, ahí no estaría tan de acuerdo. Un teatro tiene que tener una libertad para programar, y no estar limitado porque es del Estado. Porque haya un coro, un ballet, no por eso tiene que cerrarse. Un escenario está para ser usado.

—También se dijo que la gestión del espectáculo en manos del Estado eclipsa la del ámbito privado. Por ejemplo, si Les Luthiers se presenta en el Auditorio, y no en El Galpón, afectando la economía de una sala del teatro independiente.

—¿Cuál es el problema? Les Luthiers prefiere ir a una sala más grande. Va a recaudar más. Hay un montón de factores que hace que las cosas se den así. Si antes iba a El Galpón porque no contaba con un Auditorio. También depende de las condiciones que se le den. Con el BNS fuimos a El Galpón, y nos fue bien. Les Luthiers va a ir a donde tenga ganas de ir. 

—¿Al uruguayo le cuesta la disciplina?

—Yo creo que a veces no llegan a entender que poniendo la energía y la concentración más rápido, se trabaja menos. A veces se trabaja más, porque en vez de hacer las cosas en una hora, se las hace en cuatro. Por un ritmo de trabajo. Igual ahora acá está cambiando un poco ese ritmo de trabajo. El BNS está aprendiendo obras mucho más rápido que años atrás.

—¿El uruguayo juzga a la disciplina de autoritarismo?

—En Uruguay, como en Argentina, y en toda Latinoamérica, imponer un límite se toma como dictadura, lo mezclan con eso. Y eso ya fue. Creo que sí faltan límites. Marcar límites es necesario. Es lo que se ve: la inseguridad está cada vez peor. Eso no significa que volvamos a la dictadura, que fue un proceso durísimo, que hay que cerrar. Quizá mucha gente no va a poder cerrar esa etapa. Pero al margen de eso, los límites están faltando en Latinoamérica, y por eso el descontrol que se está viviendo. No hay un límite bien marcado por parte de los trabajadores que tenemos arriba. 

—¿Uruguay te parece caro?

—Sí. Me lo dice toda la gente que viene de afuera. Y no entiendo por qué es caro. Alguien alguna vez lo explicará.

—¿Han buscado sumarte a la política? 

—No muchas veces. Creo que saben que yo no me mezclo en nada, que a mí lo que me interesa es seguir ayudando en lo que es la cultura, sobre todo la danza. Mi intención es que el BNS siga moviéndose, y que sea del Estado, esté quien esté en el gobierno.