Wainrot, Carmina Burana y el BNS

Distintos elementos han inspirado a Maurico Wainrot para el surgimiento de sus obras. Puede ser “la necesidad de hacer determinada música, o determinado bailarín o bailarina que me encanta. O porque quiero hacer una obra o tengo una sensación especial, que es difícil de definir”. Y así es como acostumbra trabajar.

Durante los años que trabajó junto al Ballet Real de Flanders, cada vez que terminaba un estreno, el director le preguntaba si tenía pensado cuál sería el del año siguiente. Conociendo la dinámica, él siempre llevaba una carta bajo la manga. Pero al terminar el de 1997, esta vez en lugar de una pregunta hubo un encargo. A la compañía le habían solicitado una gira por Alemania y Holanda con la música de Carmina Burana y querían que él hiciera la coreografía.

A priori no le gustó la idea. No le gusta trabajar por encargos y no estaba habituado a la música. Para él la música siempre ha sido un factor distintivo en sus obras, es muy musical. “Para mí la música no puede ser una música de aeropuerto o del lobby de un hotel. El bailarín es una nota más”. Si bien es muy ecléctico a la hora de elegirlas, le gusta descubrirlas y que sean fuertes. Ha trabajado con artistas como Bartok, Shostakovich, Piazzolla o Janis Joplin. Y Carmina Burana era tan popular que no le seducía. Le pasaba como con el Bolero de Ravel, esas músicas que escuchó tanto, que no le daba el valor real que tenía. Así fue que solicitó unos días para pensarlo y volvió a escucharla pero con una precepción diferente, como si fuera la primera vez (algo que generalmente prefiere hacer mientras maneja, para evitar distracciones). Y a los cuatro días aceptó la propuesta.

Enseguida comenzó a tener imágenes de lo que deseaba hacer. Y junto a su pareja por treinta años, el vestuarista y escenógrafo Carlos Gallardo (1944-2008), se embarcaron en el proyecto con la idea de hacer “algo muy bello, impactante” recuerda Wainrot. Estuvieron ocho meses pensando en la obra que luego montaron en sólo un mes.

El Ballet del SODRE pone en escena esta obra por tercera vez. La primera fue en 1979 con la coreografía de Adriana Coll. Luego se montó con una coreografía del cubano Iván Tenorio y ahora llega Wainrot, quien ya es un amigo de la casa. Es su cuarto trabajo junto a la compañía (“Consagración de la primavera”, 2003; “Un tranvía llamado deseo”, 2011; “El mesías”, 2014). “Es siempre muy interesante para mi trabajar con el BNS,  siento que hay una excelente química entre el trabajo que hacen los bailarines y mis obras” señala. Además destaca que el continuo recambio de bailarines de la compañía, hace que “siempre me encuentre con gente talentosa y muy dispuesta a trabajar en mis diferentes propuestas. Eso hace, su versatilidad, grande e importante a la compañía”.

Por: Lucía Chilibroste