Temporada 2020

Un Tranvía llamado Deseo

Basado en la escena final de Un tranvía llamado deseo de Tennessee Williams, Mauricio Wainrot crea esta coreografía que comienza cuando su protagonista Blanche DuBois es llevada a un hospital para enfermos mentales. Los acontecimientos más importantes de su vida son recreados a través de sucesivos flashbacks que reviven en forma constante y obsesiva los nudos desencadenantes de la progresiva crisis de Blanche: el suicidio de su marido, la imposible convivencia con su hermana y su cuñado Stanley Kowalski, la relación con Mitch –de quién recibe afecto y confianza– y sobre todo el permanente enfrentamiento con Stanley.

El coreógrafo muestra la personalidad dividida de Blanche a través de la multiplicación en escena de varias Blanche que se confunden y se mezclan. Este recurso potencia los efectos estéticos y dramáticos que revelan la desesperación, la locura y los jirones deshilvanados de la memoria de la protagonista.

Blanche y Stanley son dos personajes que se atraen y se rechazan. Representando al mismo tiempo dos mundos y dos culturas diferentes. Son también paradigmas de dos épocas que se enfrentan sin ninguna posibilidad de comprensión.

 

 

 

 

La Bella Durmiente

Es una de las obras más espectaculares y representativas del ballet clásico, en la cual el maestro y director argentino Mario Galizzi se basa para crear su versión coreográfica de este clásico cuento de hadas.

 Esta historia se recrea en la corte del Rey Florestán y la reina durante el bautizo de su hija, la princesa Aurora. Para la celebración invitaron a todas las hadas como madrinas pero olvidaron a la malvada Carabosse, lo que desata el conflicto eterno entre las fuerzas del bien y del mal.

Con música de Piotr Ilich Tchaikovsky, la obra –basada en un simple cuento infantil– fue una alegoría política repleta de símbolos, guiñadas históricas, críticas políticas y filosóficas, convirtiéndose en la máxima joya del repertorio clásico, marcando un hito en la historia de la danza. 

Esta gran producción del BNS cuenta con vestuarios creados por la extravagante diseñadora Ágatha Ruiz de la Prada y escenografías del diseñador Hugo Millán.

 

El Mago de Oz

Basada en una de las novelas infantiles más conocidas del mundo, el coreógrafo Francesco Ventriglia recrea esta historia en un increíble ballet de dos actos. La aventura comienza cuando Dorothy –quien yace en coma sobre la cama de un hospital– emprende un viaje sorprendente hacia la ciudad Esmeralda.

Un ballet tan mágico como real, donde Dorothy conoce a sus amigos y a otro tanto de personajes mientras descubre que el ingenio, la compasión, el coraje y la magia se encuentran dentro de todos y cada uno de nosotros.

En esta gran producción del Royal New Zealand Ballet, cada personaje tiene su propio lenguaje de baile, la cuidada escenografía hace brillar los sorprendentes diseños de vestuarios; una combinación magistral que cobra vida bajo la música –casi cinematográfica– del francés Francis Poulenc.

 

La tregua

A 60 años de la publicación de La tregua, el Ballet Nacional Sodre asume –una vez más– su rol de dinamizar y promover la creación de nuevas obras de arte. Es así que toma uno de los mitos fundacionales de la literatura uruguaya contemporánea y lo traduce al ballet, plasmando en escena la riqueza literaria, imaginativa y artística, de uno los grandes autores Iberoamericanos del siglo XX. 

Con la coreografía de Marina Sánchez, dramaturgia de Gabriel Calderón, música de Luciano Supervielle y diseños de vestuario y escenografía de Hugo Millán, emerge esta obra, la cual se centra en la historia de amor de los protagonistas: Martín Santomé y Laura Avellaneda.

La vida opaca y rutinaria de Martín se transforma con la llegada de Laura, quien despierta en él sentimientos de amor y deseo, que creía entonces adormecidos. En este ballet el azar, la rutina y la muerte son tan protagonistas como Martín y Laura, siendo responsables de darle forma a esta relación amorosa que ellos iniciarán alcanzando una felicidad hasta entonces desconocida.

La obra se desarrolla en nueve escenas que sin respiro dan cuenta de lo terrible pero hermosa que puede ser la rutina, la pesadez o la liviandad de las relaciones humanas y lo azarosa que puede ser la vida misma.

Giselle

Considerada la obra maestra del Romanticismo, Igor Yebra –basado en el argumento es de Theophile Gautier & Jules-Henri Vernoy–, realiza esta versión coreográfica de uno de los ballet que constituye una pieza pura y fundamental de la danza clásica, tanto por el tratamiento de los ideales románticos como por su aspecto puramente coreográfico.

El famoso músico francés Adolphe Adam crea la música siguiendo la estructura dramática del libreto, lo que explica el uso, por primera vez, del leitmotiv, melodía que caracteriza a un personaje o situación, repitiéndose a lo largo de la obra.

La historia transcurre en un pueblo del medioevo, donde llega un extranjero que se hace pasar por aldeano, pero en realidad es Albrecht, un noble. Su único objetivo es divertirse y cortejar a la bella campesina Giselle, haciéndole creer que vive por los alrededores formando parte de la aldea. A partir de ahí, comienza un amor que deviene en locura, tragedia y muerte. Una historia desarrollada en dos actos que simbolizan los dos mundos, por una lado: el ingenuo, aldeano y sentimental, y por otro: el sobrehumano e irreal, una dualidad característica en la mayoría de los ballet románticos.